Los medios, por naturaleza ética, deben estar de lado de la justicia, de las causas sociales, en contra de los abusos y omisiones del poder; ser justos pero nunca ser justicieros.
Ser justiciero implicaría responder a la premisa del pasaje bíblico “quien esté libre de pecado arroje la primera piedra”; y los medios informativos, en esta lógica, son menos que eso, es una aspiración inalcanzable.
El trágico caso del asesinato de Karla López Albert, dio pie a un capítulo ignominioso en la raspada credibilidad de los medios.
La actriz-conductora Laura Bozzo, quien cada día se auto endilga nuevos perfiles profesionales – por ejemplo: se autonombra periodista; cuando ocurrió la tragedia natural en Guerrero resultó ser rescatista de los “topos”; y ahora en el caso de Karla asegura haber estudiado Derecho- irrumpe con su tele-show exigiendo justicia y asegurando a la familia que tomará acciones cuasi policíacas para detener a quien, todo apunta, es el principal sospechoso del crimen.
Es el comercio de una tragedia.
En su desglose de la transformación de los medios a través de la historia, Riszard Kapuscinski apunta: “En la segunda mitad del siglo XX (...) con la revolución electrónica y de la comunicación, el mundo de los negocios descubre de repente que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta, en la información, es el espectáculo”
La segunda parte del análisis del periodista polaco es realmente contundente: “y una vez que hemos creado información-espectáculo, podemos vender esa información en cualquier parte. Cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella”.
No me corresponde a mi juzgar a la comunicadora peruana; lamentablemente hay evidencia de que su tele-producto chatarra ha encontrado un gran nicho; el mercado de la tragedia, de la victimización social tan necesitada de justicieros, aunque entre los pies se lleve la dignidad de las personas.
Por eso sentenció claramente Kapuscisnki: “los cínicos no sirven para este oficio”.
Para ver:
Ser justiciero implicaría responder a la premisa del pasaje bíblico “quien esté libre de pecado arroje la primera piedra”; y los medios informativos, en esta lógica, son menos que eso, es una aspiración inalcanzable.
El trágico caso del asesinato de Karla López Albert, dio pie a un capítulo ignominioso en la raspada credibilidad de los medios.
La actriz-conductora Laura Bozzo, quien cada día se auto endilga nuevos perfiles profesionales – por ejemplo: se autonombra periodista; cuando ocurrió la tragedia natural en Guerrero resultó ser rescatista de los “topos”; y ahora en el caso de Karla asegura haber estudiado Derecho- irrumpe con su tele-show exigiendo justicia y asegurando a la familia que tomará acciones cuasi policíacas para detener a quien, todo apunta, es el principal sospechoso del crimen.
Es el comercio de una tragedia.
En su desglose de la transformación de los medios a través de la historia, Riszard Kapuscinski apunta: “En la segunda mitad del siglo XX (...) con la revolución electrónica y de la comunicación, el mundo de los negocios descubre de repente que la verdad no es importante, y que ni siquiera la lucha política es importante: que lo que cuenta, en la información, es el espectáculo”
La segunda parte del análisis del periodista polaco es realmente contundente: “y una vez que hemos creado información-espectáculo, podemos vender esa información en cualquier parte. Cuanto más espectacular es la información, más dinero podemos ganar con ella”.
No me corresponde a mi juzgar a la comunicadora peruana; lamentablemente hay evidencia de que su tele-producto chatarra ha encontrado un gran nicho; el mercado de la tragedia, de la victimización social tan necesitada de justicieros, aunque entre los pies se lleve la dignidad de las personas.
Por eso sentenció claramente Kapuscisnki: “los cínicos no sirven para este oficio”.
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