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| Realidad alejada del reflector |
Mientras adentro las cifras del gobernador Rafael Moreno Valle, anuncian la creación de más de 59 mil nuevos empleos, afuera, separada por las vallas, doña María Cordero empuña en su mano una carta que le quiere entregar; quiere que sepa que a su yerno quien trabaja en el Planetario-apenas a unos pasos de donde él informa de sus logros gubernamentales- le pagan 20 pesos la hora y que con ello es prácticamente imposible vivir.
Ahí se mantiene por poco más de dos horas, a la espera de que llegue, mientras ve pasar una camioneta tras otra; pero de ninguna de ellas baja, el tiempo pasa y no llega. “Tengo la esperanza y lo voy a lograr, porque no es posible que vivan así con 200 pesos, pues de qué se trata”, señala con una insistencia que exhibe su molestia.
Adentro sigue la danza de las cifras y, en una distracción, doña María intenta colarse por una de las vallas que se abren argumentando que es “prensa”, pero es impedida a pasar.
Los Fuertes, se convirtieron en fortaleza; solo algunos corredores lograron pasar los retenes policíacos que rodearon la zona histórica que ahora goza de un toque minimalista; por ahí se logra ver a un par de señores con perrito pekinés en brazos, pero fuera de ello dominan los hombres trajeados, las mujeres con extravagantes peinados.
Entre las suburban negras, blancas y gris Oxford –conocidas en el argot reporteril como el vocho de los políticos- se cuela el triciclo maltrecho de José Luis, originario de la Resurrección, con su gran letrero en la parte frontal que anuncia “Tacos de Canasta”.
En medio de la burbuja que se ha creado en Los Fuertes, reluce el revivido Auditorio de la Reforma con su gran cúpula plateada, sus vidrios y sus pisos negros impecables. Es la sede del Informe.
Es fácil distinguir cuando una personalidad importante llega al recinto: motocicletas de Vialidad escoltan una suburban, infaltables vidrios polarizados y al menos 2 suburban más, en retaguardia. Frenan, de inmediato un séquito de escoltas aparece, marabunta, abren la puerta, merodean, intimidan.
El ritual se repite, por goteo, así como van llegando cada uno de los gobernadores invitados. Pero la caravana de Juan Díaz de la Torre, el Secretario general del Sindicato magisterial, rebasa a cualquiera.
El primero en llegar a la cita es el gobernador de Sinaloa, Mario López Valdez, 10 minutos antes del mediodía; “Malova” le gritan reporteros desde un corral dispuesto para contenerlos, con la intención de entrevistarlo, pero saluda y se sigue de frente.
Manuel Velasco, es más delgado, bajo y güero que como se ve en televisión, pero Egidio Torre Cantú, de Tamaulipas, es más alto de lo que uno pensaría. Javier Duarte, de Veracruz, resulta más simpático en vivo que lo animadverso que parece en los impresos.
A pie, Don Manuel y su esposa, originarios de la colonia 8 de diciembre, intentan ingresar al Informe, dicen que el gobernador ha hecho un buen gobierno y que por eso es su “gallo” para la presidencia de la República; pero los retenes y unos arcos detectores de metal, les frenan su viaje.
Adentro las cifras siguen y una hora y media después, el recuento de los logros termina.
Hoy no ha sido un día afortunado para doña María, no ha logrado entregar la carta pero confía en que su persistencia le ayudará, en algún momento y en algún lugar, a lograr su cometido.

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